Después de la lluvia

20:42:00

Antònia Fontirroig


Tradicionalmente se ha tenido a la poesía por un género marginado. Durante años se ha dado por hecho que solo leían poesía los que la escribían. Con la aparición de neopoetas de la categoría de Irene X, Elvira Sastre, Marwan, Diego Ojeda, Sara Bueno, Ernesto Pérez Vallejo, etcétera; esa suposición pierde consistencia, pues, como dijo Escandar, hoy muchos jóvenes admiran más a poetas que a jugadores de fútbol.

No ocurre lo mismo con el teatro, que a pesar de seguir publicándose y estrenándose; no logra penetrar en las entrañas del lector joven con la misma facilidad en que le han entrado los versos de Irene o la prosa de Centeno.

Rememorando mis quince, recuerdo que no era tarea sencilla la de engancharme a una obra de Calderón o Lope, repleta de palabras extrañas y anacronismos para la época en que me encontraba. Os aseguro que habría desterrado el teatro de mi vida y para siempre si no hubieran llegado a mis manos textos teatrales contemporáneos que me permitieron descubrirlo y leerlo de una manera más grata.

Con el deseo de deshacer prejuicios y acercar a los lectores al teatro, me atrevo a sugerir una de las obras que me sacó de la obcecación en la que me estaba metiendo. Hablo ahora de Después de la lluvia de Sergi Belbel, ambientada en los 90 en la azotea de un edificio empresarial. Con un argumento mínimo, Belbel atrapa al lector con sus diálogos llenos de humor, sarcasmo e ironía, que resultan de todo menos aburridos. Por si fuera poco, Después de la lluvia, además de gozar de buena crítica y de haber obtenido no pocos premios literarios, fue inspiradora de la película Smoking Room. (Pero antes de buscar la película, pinchad en el enlace de abajo y leed algo del texto teatral; y si os sucede lo mismo que a mí, olvidaréis la película y buscaréis el texto íntegro). A mí se me fue la tarde leyéndolo.


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