Foxconn, la fábrica de los suicidios

18:19:00


Germán Prieto

Lanzarse al vacío es uno de los métodos más utilizados por los trabajadores de Foxconn para poner fin a su vida.

El elevado número de suicidios en la multinacional, que suministra el ensamblado de los teléfonos móviles de la manzana y de otras tantas marcas internacionales, ha puesto en alerta y manifiesto las pésimas condiciones laborales del gigante asiático.

Ahorcados en los baños, lanzándose desde la azotea de un edificio o desde el propio balcón de su apartamento. Son más de treinta casos de suicidio, que ennegrecen el historial de la principal industria de suministros electrónicos.

Trabajadores jóvenes, de entre la mayoría de edad y los veintiocho años, sufren las consecuencias de la presión y de las agotadoras jornadas en la multinacional. Incluso una joven de diecisiete años, absorbida por las políticas de contrato de menores, se arrojó al vacío quedando parapléjica.

Desde Foxconn no relacionan los suicidios con su empresa, mientras que tratan de crear un ambiente laboral en el que el rendimiento prima por delante de la comodidad de la plantilla.


La nueva Revolución Industrial China


Las fábricas del gigante taiwanés no son al uso. La explotación laboral está potenciada hasta los vértices más altos.

Los trabajadores, que viven en bloques de apartamentos aledaños a los edificios de montaje y ensamblado, duermen y conviven en pequeñas habitaciones donde entre seis y diez empleados comparten los meses dentro de la empresa.

Las plantas, que incluyen panaderías, centros médicos o supermercados, se conforman como ciudades que albergan a más de cuatrocientos mil empleados solo en la planta de Shenzhen.

La imposibilidad de entablar una conversación para evitar la fraternización de los trabajadores no es más que un claro ejemplo de las condiciones en las que la plantilla convive en la compañía.

Esta política de socialización dentro de Foxconn recientemente ha sido erradicada, pero las denuncias por malos tratos engordan una lista de controversias que mantiene en silencio a los máximos directivos taiwaneses.

Las largas jornadas laborales, por ejemplo, causaron la muerte de uno de sus empleados, de veintitrés años.

Apple también guarda silencio. Ya han sido alertados de las situaciones vividas por los empleados de las plantas que ensamblan los conocidos iPhone, pero la empresa prefiere mirar a otro lado encargando informes que confirman la pésima situación, pero que a su vez tratan de normalizar con pequeños avances.

La ligera subida del salario en las plantas de Foxconn y la reducción de las horas laborales son pequeños pasos a un gran problema tan frecuente como silenciado.


Poesía en la cadena de montaje


“Un tornillo cayó al suelo
en su negra noche de horas extra.
Cayó vertical y tintineante
pero no atrajo la atención de nadie,
igual que aquella última vez
en una noche como esta
en la que alguien se lanzó al vacío”

Es el joven poeta Xu Lizhi, de veinticuatro años. Trabajaba en una de las fábricas de Foxconn, mientras veía que los sueños poco a poco se desvanecían.

Esta nueva ola de trabajadores chinos, ajenos a la precariedad del trabajo que ofrece una familia media acomodada en el país, se ven ahora envueltos en la dureza de la emancipación y en la realidad laboral de un gigante asiático que aboga por un comunismo de mercado para encabezar las potencias económicas mundiales.

Todo vale en una China en la que millones de jóvenes tratan de fraguarse un futuro sumidos en las cadenas de montaje, para poder adquirir productos que ellos mismos diseñaron. Nuevo mecanismo de Revolución Industrial que en el caso de Xu Lizhi, y de otros tantos en las plantas de Foxconn, ha acabado en suicidio.

Los versos descritos, cuidadosamente milimetrados, fueron las últimas palabras de un trabajador que quería cumplir el sueño de no volver a las cadenas de montaje, ni vivir en aquellos apartamentos. Tampoco quiso sufrir ni un segundo más trabajar de lunes a sábado durante catorce horas diarias.

Unos se lanzan al vacío, otros se ahorcan en los baños, otro se desploma en medio del trabajo a consecuencia del agotamiento.

Lizhi, en su caso, quiso poner de manifiesto sus dotes de poeta antes de arrojarse por el balcón de su habitación. Sus amigos decidieron publicar el resto.

Una víctima más en Foxconn, demasiadas.

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