Hay un retrato que habla

0:04:00

Víctor Soho
¡Qué infravalorado está el cine español! O más bien, que constante es en este país, la frase del que siempre triunfa uno, excepto en su propia nación. Buñuel, Almodóvar, Carlos Vermut o la propia familia Trueba (entendiendo Jonás, David y Fernando), me parecen claros ejemplos de buenos directores. ¡Pero podemos seguir!, desde el ya clásico Berlanga al interesante Balagueró. Gente nueva como Leticia Dolera o Rodrigo Sorogoyen, Álex de la Iglesia con sus siempre disparatadas propuestas, el emocionalismo de Sánchez-Arévalo… Vamos, que el cine de España es la caña. No vengo con ánimos nacionalistas, hay países que tienen una media bastante mejor, pero España sigue siendo un gran productor de este arte que es el cine (tranquilos todos, no voto a Ciudadanos). Por todo esto, me siento dolido al llegar tarde al cine de Víctor Erice. Mi tocayo siempre ha sido admirado por muchos, pero no me daba animado a ver su cine, hasta que hace poco, descubrí un corto llamado Alumbramiento.

Antes que nada, un breve inciso. El corto está en Youtube, es muy fácil de encontrar y dura 10 minutos. “Víctor Erice Alumbramiento”. Y listo. Si no queréis dedicarle ese tiempo a ver esta obra maestra, no sé en qué querríais gastarlo. Más leyendo esto. Así que dejad de faltarle el respeto a la cultura e id a verlo. No me fastidiéis.

Sin más dilación, Erice.

La vida es rutina


Erice es pura lírica visual en este corto.  La cámara se transforma en una especie de insecto, en movimiento por el prado, siguiendo la vida de estos paisanos de principio de siglo. Porque Alumbramiento es una obra costumbrista. Se reduce a retratar las escenas cotidianas de una época, sin respuestas y preguntas a nada. Un simple ojo que nos muestra el mundo que fue este. El corto termina con un periódico. “28 de junio de 1940”. El argumento es ese. Esta película va sobre un 28 de junio de 1940, que pudo pasar. O no. O sí. Lo que quiero decir es que, pese a ser una obra narrativa de carácter ficticio, se acerca más a Mi vecino Totoro, que a cualquier otra película convencional. Ves las imágenes fluir, ves una estructura clara, que no definida. Para dar más realismo al corto, Erice difumina los puntos de su historia, quedando casi como un todo. Como cuando paso mi dedo sobre un trazo de carboncillo. Aburrido para muchos, a mí me resulta un ejercicio brillante en busca de la documentación de una época. La rutina de esos hombres en la posguerra. Erice, además, como los grandes maestros, conoce el sentido de la sutileza, sabiendo como contarnos esta historia sólo con imágenes. Empieza con un bebé y una mujer en la misma posición. Vemos paralelismo entre ambos personajes. Después entra la figura de una Virgen con Jesús. Por si quedaba duda, son madre e hijo. A continuación, el hijo empieza a sangrar. Esa es la presentación del corto y el primer punto de giro. Nos presentan a los dos personajes principales y el conflicto (¿conseguirá sobrevivir el hijo?), pero no lo vemos tan claro como en otras obras, porque Erice sabe hacerlo de forma que no quede tan plástico. O como esa escena en la que un niño se dibuja un reloj en la muñeca, queda claro las ansias de ese niño por querer ese accesorio, pero su familia no podrá permitírselo. La pobreza queda así clara, sin necesidad de pena artificial o frases que lo acentúen. ESTO ES NARRACIÓN. En mayúscula lo remarco para los despistados. Así se cuenta una historia y lo demás son tonterías. Esta es la magia de Erice.

La naturaleza es crueldad


Al niño le sangra la barriga. Lo que al principio era algo terrible, se acaba descifrando como una simple hemorragia del cordón umbilical. Pero la intriga sigue ahí.

La naturaleza es cruel y la vida frágil. Así, a bote pronto, suena mal pero no os preocupéis, a lo poco que lo penséis es incluso peor. Es factible que algún día saldréis a la calle y un coche os atropelle, una tormenta haga caer un árbol sobre vuestras cabezas o vuestras mujeres os maten por culpa de este sistema matriarcal en el que vivimos, oprimidos por las hembras de nuestra especie que no nos dejan beber cerveza y ver fútbol en paz. Llora Inda. LLORA. LLORA. ESO ES, VETE CON MARHUENDA. Bueno, de lo que hablaba, me parece sorprendente la capacidad de Erice para mostrar esto en menos de 10 minutos. Un niño casi muere, o por lo menos así lo parecía, pero al pasar el momento y salvarlo, todo vuelve a la normalidad. Cuando está en peligro todos corren a ayudarlo.  Erice vuelve a las zonas antes circuladas, donde cada uno hacía su trabajo, pero ahora la casa parece un pueblo fantasma. Todos están apoyando al bebé, pero lo miran impasibles, poco nerviosos para lo que, ostras, es la posible muerte de un infante. Incluso están ahí los niños observando con atención. Esa es la vida antaño. Todos tenemos o tuvimos abuelos y, por lo menos en mi caso, alguno sufrió la muerte de un hermano cuando era joven. Incluso algunos con actuales cincuenta tuvieron que vivir eso con relativa frecuencia (tampoco es que fuera un festival de matanzas el parir). Ahora el bebé de un familiar se muere y es una desgracia, un suceso muy triste. Es más, si el hijo está desangrándose, los niños no podrían ver cómo le solucionan la herida, en muchos casos,  los niños estarían protegidos de esa visión. Pero aquí no, pero es que la crueldad llega a tal punto, que cuando el bebé está a salvo, vuelven a los pocos minutos a sus tareas ordinarias. Siegan el campo, juegan a las cartas o intentan entretenerse como pueden. Era eso un día normal, un “28 de junio de 1940” tan indistinguible de otro día de junio, como otro día del año. “La rutina es muerte”, dicen, los que una vez no vivieron que la muerte fuese rutina.

Hay algo que me estaba guardando para el final. Erice hizo este corto en una recopilación con otros directores. En esa recopilación, se intentaba hablar sobre el cambio de milenio. La sociedad posmodernista. Porque, a veces, o más bien, en muchas ocasiones, hay que volver al pasado para analizar el presente. Como decía Mark Twain: “La historia no se repite, pero rima”.

Con amor, para Erice.





También te gustará

0 comentarios

LA HEMEROTECA