Xavier Dolan, el genio quebequés

13:38:00

Clara Pino
“Todavía soy joven pero tengo algo que decir a mi generación. A algunas personas no les gusta lo que haces, a algunos les molesta quién eres. Pero tenemos que aferrarnos a nuestros sueños, porque juntos podemos cambiar el mundo y cambiar el mundo lleva su tiempo. No solo los políticos y los científicos pueden cambiarlo, los artistas también podemos”. Así era el discurso que un director de 25 años dedicó al público tras recibir el Premio del Jurado en el aclamado Festival de Cannes. Un joven que ya con solo 19 años dirigió su primera película, llamando la atención de la crítica.

Os presento a Xavier Dolan, un cineasta que desde su inicio ha despertado pasiones extremas en sus espectadores. Sus seguidores le adoran, pero la crítica lo juzga de poco benevolente e impulsivo. Pero ambos extremos coinciden en algo: es un incansable creador de emociones. Desde su primera película a su último estreno siempre encontraremos esos detalles que darán vueltas en nuestra cabeza para, en ocasiones, quedarse grabados en nuestro subconsciente.

Durante su corta carrera como artista ya ha dirigido cinco películas, actuando en tres de ellas, y dos videoclips. Escribe su propio guion, se encarga del montaje, la música, la escenografía y del vestuario. 

Sin deteneros mucho más, comencemos a sumergirnos en algunas de las obras del cineasta quebequés:

En 2009 dirige “J’ai tué ma mère” (en castellano: Yo maté a mi madre), un film basado en una novela autobiográfica que él mismo escribió con 16 años. Comienza con un monólogo en blanco y negro en el que Hubert Minel (interpretado por Xavier Dolan) nos cuenta que, aunque quiere a su madre, intrerpretada por Anne Dorval, no soporta ser su hijo. Vemos como, con escenas simples, se tensa una relación entre madre y su hijo adolescente. Aquí  ya  aparecen los temas que podemos denominar como caracerísticos de Dolan: la homosexualidad y la ira hacia la figura materna.

Su segundo film, estrenado en 2010, tiene como título “Les amours imaginaires” (en castellano: los amores imaginarios). Cuenta como los dos amigos, Francis y Marie, (interpretados por Xavier Dolan y Monia Chokri respectivamente) se enamoran de la misma persona, Nicolas. La ambigüedad sexual de éste no será un problema y se deja querer por ambos, dando lugar a escenas cargadas de emociones, erotismo y malentendidos. Los espectadores nos convertimos en testigos del enamoramiento que sufren los dos protagonistas: se enamoran de una forma de vida, de la imagen o del sentimiento que sufren en ese instante. Este romaticismo hace que veamos a los personajes como atemporales, deslocalizados de la juventud en la que se encuentran. Todo esto se representa con planos lentos y al ritmo de Bang Bang , combinado con más música pop y piezas de clásica. Con esta película recibió su primer premio en el Festival de Cannes y  fue nombrada mejor película del año en el festival de Sidney.

Por último, quería indagar en su último estreno: Mommy. Durante sus dos horas y veinte minutos ha conseguido que nosotros, los espectadores, suframos una especie de Síndrome de Edipo que necesitamos compartir con los protagonistas. En este film aparecen todos los temas fetiches de Dolan, tales como la homosexualidad y la búsqueda de identidad. Pero si algo quiero destacar es su estética incansable: su formato 1:1  y sus planos lentos nos ahoga de la misma forma que lo hace el TDAH (Transtorno por déficit de atención e hiperactividad) que sufre Steve. Sin duda Mommy es una reconciliación con todas las madres del mundo.

Quizá en sus películas encontramos errores de un director primerizo: escenas demasiado lentas y algunos diálogos que dan una apariencia bastante teatral. pero no hay duda de que solo son el principio de una escala ascendente de obras cinematográficas hasta alcanzar el clímax del cine de autor. Dolan quiere canalizar toda la violencia que sufrió a lo largo de su adolescencia, por eso crea personajes que gritan, personajes que, según él, luchan por poder pertenecer a la sociedad. Emocionar es su mayor legado, como debe ser de alguien que con 15 años escribió una inocente carta de admiración a Leonardo DiCaprio por su trabajo en Titanic.


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