De pago, por María Prado

15:42:00


Había oído hablar de aquellos hombres en alguna que otra ocasión anterior a encontrar su anuncio en mi buzón, pero nunca antes se habían puesto en contacto conmigo o con alguien que yo conociese de primera mano. Había visto anuncios en el periódico, sí, pero el hecho de que hayan comenzado a publicitarse de una forma más directa, me hizo fantasear con una nueva mentalidad colectiva respecto a este empleo o a la reputación del mismo. Conocía el procedimiento: tras llamar y concertar una cita, él acudiría a la hora acordada a tu casa, donde -dato importante- deberías efectuar el pago a priori del servicio, además de en efectivo. A continuación, todo se resumía en dejarse llevar.

A las 9:00 pm, puntual como un reloj, timbró. A partir de ese momento, el taxímetro se ponía en marcha.

Le guié hasta mi habitación y le pedí que se sentase. Llevaba un maletín, de cuyo interior solo se me permitía ver lo que él sacaba o metía, como mi dinero. Cogió un libró, unas gafas y comenzó:

“Dos rojas lenguas de fuego que, a un mismo tronco enlazadas, se aproximan, y al besarse forman una sola llama…”

Tras 40 minutos, el hombre se levantó, le acompañé hasta la puerta y volvió a dejarme sola.

Un poema de una noche, un poeta profesional. Por vez primera y única puedo afirmar que me han hecho el amor. Y no uno cualquiera, sino el gran Gustavo Adolfo Bécquer, todo un romántico, aunque tardío. ¡Y tan tardío! Tendría que haber llamado hace mucho tiempo atrás. 

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