Ingmar Bergman es mi crush

16:16:00

Víctor Soho
Ingmar Bergman es uno de los grandes genios del cine. Sin duda entre mis diez directores favoritos, considero que Persona o El séptimo sello son sus mejores películas, ahí ahí con El manantial de la doncella. Creador no sólo de un estilo único y personal, puede ser considerado uno de los grandes maestros del cine, influyendo a grandes directores como Stanley Kubrick, Pedro Almodóvar, David Lynch, Martin Scorsese o, personalmente mi preferido, Woody Allen. Resulta una de las figuras clave para entender la historia del séptimo arte. ¡Si hasta hay una película en la que algunos de los mejores directores de la historia van a la casa de Bergman a hablar de él! Tan criticado como querido, resulta de una forma indiscutible, uno de los pilares del arte del s.XX.

LA CÁMARA SON LOS OJOS DE BERGMAN


Bergman ha sido siempre reconocible por su uso del primer plano, ya que aunque podamos encontrar muchos planos generales o medios, muchos además, bailando entre ellos con mucha sensibilidad, los planos más cercanos son los favoritos del director. Pero, ¿qué le hace utilizar ese recurso con tanta facilidad? Sin duda la belleza de ambas actrices podría ser una posibilidad, pero creo que va bastante más allá. Bastante más.

Robert McKee explicaba en su libro, El Guión, que una buena historia pasa por tres partes: los problemas de un personaje con sí mismo, los problemas de un personaje con su entorno y los problemas de un personaje con la sociedad. Bergman separa esto no sólo en un sentido narrativo, sino también en un sentido formal. Al principio explicaba que Bergman cambia de planos bastante distintos entre sí, de una forma bastante ágil, esto lo hace porque, con lo gran narrador que es, sabe moverse a la perfección entre esos tres conceptos usados por McKee, se acerca a las protagonistas cuando los problemas de estos son con ellas mismas, cuando es con personas de su entorno, se aleja un poco más, un plano medio, para poder hacer un plano general cuando el problema es con la sociedad. Esto es visible, por ejemplo, en la escena del principio, donde el personaje de la enfermera habla de un problema con su marido, donde pese a estar sola en la habitación, Bergman usa un plano americano (aunque en este caso sería algo dudoso, pues el personaje está recogido, le cortaría por la cintura al estar de pie, pero cortándole las piernas estando con las piernas estiradas). En ese momento no hay nada que mostrar que no sea ella, pero así queda mejor mostrado su conflicto. Justo la siguiente escena es un plano general, donde la actriz ve las noticias, la guerra de Vietnam, conflicto con la sociedad. Bergman es muy inteligente a la hora de formar estos planos, ya que le da una representación en base al problema de cada personaje en esa situación.

Una cámara invisible, Bergman se muestra en todo momento como un espectador más, pero un espectador pasivo. Mientras que Lars von Trier no podría parar de mover la cámara y seguir a los personajes, Bergman resulta más reflexivo, no quiere resultar intimidante o persecutorio, su función es más de voyeur. Esto se puede ver en otra gran película de Bergman como es De la vida de las marionetas. Esa película contaba la historia de la creación de un asesino, pero Bergman se acerca más al documental, a mostrar unos hechos y que cada persona saque sus propias conclusiones, que a una narración más clásica. No es el psicólogo de ese pobre hombre tocado por la sociedad, es como ese mecanógrafo de las series de jueces. Escribe lo que ocurre, no está ahí para soltar juicios sobre nadie. Bergman no tiene respuestas para lo que ellas podrían preguntarse, Bergman viene a contarnos una historia. Me recuerda también a dos casos bastante distintos entre sí. El primero es el de las películas bélicas de Stanley Kubrick, la primera claramente antibélica (Senderos de gloria), envía un claro mensaje de lo que piensa Kubrick sobre la guerra, es subjetivo en todo momento, en cambio, en La chaqueta metálica, Kubrick se desentiende de cualquier tipo de juicio moralista. Hay mucha gente que considera a esta una película antibélica, pero él sólo quiere mostrar cómo es la guerra. Su función es de periodista, no de filósofo. El otro ejemplo es Elephant de Gus Van Sant, aquí el director retrata la masacre de Columbine de una forma brillante, sin giros de guión, ni subtramas o substancia a lo que es la vida. Sí, puede que esto se aleje un poco del claramente dramático Bergman, pero me sigue valiendo de ejemplo. La forma de retratar de Gus Van Sant es muy inteligente, porque su uso de la violencia es tan real que hasta duele. La cotidianidad rota por un disparo, el costumbrismo que se corta porque alguien ha decidido masacrar el instituto, todas las vidas perdidas que nunca serán vividas… Gus Van Sant no hace un biopic clásico del tema, no es su forma de ver Columbine, es el mayor acercamiento a lo que fue de verdad de la historia. Bergman habrá dado su opinión en muchas de sus películas, es más, Bergman es claramente un filósofo que usa el cine para expresarse, como Camus lo puede hacer con la literatura, pero aquí sólo muestra los problemas existenciales de dos jóvenes, donde parece sentirse tan abrumado, que no consigue hacer ningún juicio y sólo quiere mostrar lo que ocurre. Estos son los problemas de una sociedad posmodernista, sus propios problemas. Eso es todo, nada más. Aunque aun así, creo que es una de las obras más intimistas de la historia.

BERGMAN ES BERGMAN Y BERGMAN


     Érase una vez un individuo, de nombre Harry, llamado el lobo estepario. Andaba en dos pies, llevaba vestidos y era un hombre, pero en el fondo, era un verdadero, lobo estepario.

El lobo estepario, Hermann Hesse


En esta sociedad posmodernista en la que vivimos, tú no eres una única persona, eres miles de personajitos que viven bajo esa corteza superficial, que luchan y combaten entre ellas. No eres el mismo tumbado a solas en una hamaca, como lo eres con tu mejor amigo o con tus compañeros del trabajo menos cercanos. Somos una multiplicidad de seres, el individualismo nos ha abierto una profundidad personal que otras generaciones no tenían. Así yo puedo definirme como Víctor, el educado y tímido chico que le gusta el cine o Víctor, el chico de los chistes bestias con un odio profundo a cualquier integrante de Intereconomía, PP o Ciudadanos. Ninguno es menos real que el otro y sin ambos, nunca llego a ser yo. Somos, como decía Hermann Hesse, hombres que “no poco de sí tenían un poco de perro, de zorro, de pez o de serpiente”[1]. ¿A qué viene este rollo? Lo intentaré expresar de la forma más concisa: si McKee decía que la buena historia traspasaba tres fases, esta película es la lucha en la mente de Bergman de la primera. Me explico.

La cinta comienza con la cámara, dispuesta a grabar y un niño. Bergman fascinado con la literatura, pero un día comienza una proyección y el cine es su vida. Bergman siempre fue un niño de un interés artístico notable, pese a que él siempre dijo que el arte “carece de importancia”[2] y de que si sigue haciendo arte es por “la curiosidad”[2]. A la edad de siete años contaba trolas a sus compañeros como, por ejemplo, que sus padres le habían vendido al circo. Y su primer proyector lo consigue a cambio de sus soldados, en un trueque con su hermano en Navidad. Pero Bergman empieza haciendo teatro, es decir literatura, y no es hasta que Stina Bergman le ofrece un trabajo como cineasta cuando él acepta, acogiendo así, el cine como su medio de expresión artística. Tal como el niño de Persona, que deja su libro de lado para acercarse al proyector.

Después de esto vienen las dos personajes principales, Alma, interpretada por Bibi Andersson en uno de los mejores papeles de la historia; y Elisabet, interpretada por la siempre magistral y hermosa Liv Ullmann. Aquí seguimos con mi interpretación, porque si el niño era Bergman, estos dos personajes también, siendo la actriz, el Bergman más intelectual; y siendo la enfermera, el Bergman emocional. Porque para mí, si de algo va esta peli es sobre la lucha con uno mismo, con tu opinión sobre ti como persona. Sobre Harry contra el lobo estepario. Además aquí se nos pone en clave uno de los temas claves de la película: la maternidad. ¿Elisabet se queda sin habla cuando interpreta a quién? A Electra, que es uno de los grandes dramas griegos que mostraban a una sociedad criada por madres. Una representación de la maternidad y de los estándares de la época, algo que asusta al Bergman intelectual, pero sigamos.

Podemos ver esa dualidad, por si necesitaba más ejemplos, en los propios nombres de los personajes: Alma (nombre de la enfermera) es aquello que tenemos todos los seres humanos, que es natural y propio, algo primario; pero Elisabet (nombre de la actriz) significa “Dios es plenitud” algo que nos ofrece un ser humano más desarrollado, un entendimiento superior de lo que nos ofrece la propia naturaleza (aquí parece que soy un católico empedernido, pero ni mucho menos, la razón me libre de ello).

Ahora viene el primer gran punto de giro, cuando Alma y Elisabet se van a una casa alejadas, para poder estar a solas. Aquí empieza a verse más claramente la relación entre ambas protagonistas, donde Alma habla y Elisabet escucha. Es decir, el Bergman emocional necesita ser escuchado, el Bergman intelectual escuchar. Mientras esta última es reflexiva, pasiva y tranquila, la otra es emocional, activa y nerviosa. Esto se ve de forma más clara en mi escena de sexo favorita de la historia del cine, por lo menos una de ellas, vamos. Donde el personaje de Alma es juzgado por Elisabet, es más, donde el personaje de Elisabet se siente mal por una acción pasional que ha tomado. Cuando Bergman se deja guiar por sus emociones, se siente decepcionado con él mismo, incluso dolido de alguna forma. La chica cuenta que se lo ha pasado bien, pero hay algo en ella que le prohíbe aceptar ese placer puro. Aquí va mi ampliación a la teoría, Alma es lo que Bergman es, el Bergman natural, pero Elisabet es el Bergman que él querría ser, el que fue educado como tal. Por eso Alma hace tantas alusiones a como querría ser como Elisabet. Hay algo en él que no funciona y es eso. Quiere negar sus placeres más primarios en pos de una mayor capacidad intelectual. La búsqueda del ser racional ante todo, ante lo que se es de verdad.

Ahora podríamos encontrarnos ante otra parte de la película, cuando miran fijamente a la cámara, desde ahí la película cambia, se comportan de forma distinta, tiene un tono mucho más amable, pero volvamos a esa imagen. Elisabet enseña a la cámara la Alma de verdad, como es ella. Se encuentra a través del arte. Además considero que esta escena tiene un toque lésbico (algo presente en toda la película), que acrecienta ese sentido de los dos Bergman que son uno. Porque no son nada por separado, se quieren en el fondo, son la misma persona.

Esta supuesta tranquilidad se ve quebrada por el descubrimiento de la carta, donde encontramos una frase muy interesante “sus conceptos de la vida no concuerdan con sus acciones” y aquí vamos con una referencia que ya tardaba en salir. Woody Allen. Gran pupilo de Bergman tiene una reflexión muy curiosa sobre este tema en Si la cosa funciona, donde mi querido Woody, como Bergman en esta película, muestra una lucha entre la cara más racional y pasional del ser humano, donde, a veces, lo que pensaba que queríamos se veía contrarrestado por lo que de verdad queremos. El filósofo de Nueva York simplificaba esto a “si la cosa funciona”, si ves que te diviertes, que eres feliz, hazlo, no pares; pero si no funciona, no fuerces la situación. Parece que en ese caso el director sí tenía una respuesta a las preguntas que formulaba (sea una respuesta más o menos profunda).

Llega la parte final de la película, donde la catarsis llega a su punto álgido. El Bergman emocional se siente juzgado por el intelectual, uno quiere ser libre, el otro no aprueba esa forma de vida. Aquí empieza además una conversación muy interesante sobre la maternidad. Mientras una quiso abortar y no pudo, la otra abortó y quería un niño, pero ya no se queda embarazada. Un Bergman intelectual que reniega de ser padre, pero que se siente asustado por ello, el padre de Bergman era un hombre muy autoritario, Bergman siempre habla de su padre con un poco de miedo incluso. Además de que la muerte de su madre por culpa de la gripe española le afectó mucho en su momento. “Pienso en él desde un alejamiento desesperado, pero con ternura”[3], habla sobre el día de la muerte de su padre. Es más en el año del rodaje de la película Bergman tiene a su última hija, veo una clara preocupación paterna, o más bien, materna constante en la película.

Desde aquí comienza la parte más surrealista o experimental de la película, desde un fotograma que se rompe para mostrar cómo se quiebra el personaje; a una visión desenfocada para mostrar lo perdida que está la protagonista en la vida. Pero destaco por encima del resto esa imagen en la que las dos actrices se fusionan, cuando el Bergman emocional es quien es, coge las riendas de su vida y, finalmente, se acepta. Harry y el lobo estepario pueden convivir en paz. Ya no hay un problema de identidad, Bergman es Bergman.

La película termina con el niño del principio, lo que podríamos llamar el Bergman físico, volvemos a la realidad. Bergman deja de cuestionarse nada, por lo menos de momento, ya tiene lo que quiere y puede descansar en paz. La película deja de proyectarse. Bergman usa el arte como experimentación, como expliqué al principio, por eso considero que esta película fue la forma de moldear, de una forma narrativa, la lucha entre sus dos seres interiores, personalizándolos como mujeres. Es decir, uno de los estudios de personaje más complejos de la historia del cine. Otra obra maestra del bae.

Persona es, desde el momento en el que la vi, una de mis películas favoritas de siempre, de estas que me hacen cuestionarme como creía que era el cine antes de que viera eso. Desde entonces no he vuelto a ver una película que me llenase tanto (menos Iñárritus en el mundo y más Bergmans por favor). Esta segunda vez que la he visto puedo decirlo más claro. Qué grande fue Ingmar Bergman.


         

[1]El lobo estepario, Hermann Hesse. Ed. Alianza
[2]Persona and shame:the Screenplays of Ingmar Bergman. Fragmento de The Snakeskin.

[3]Linterna mágica, Ingmar Bergman. Ed. Tusquets

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