Piropos, por Andrea Oyagüe

20:24:00

Es sábado, hoy quiero brillar, me pondré un top justo, una falda corta y unos tacones desde los que me sentiré enorme. Me voy a maquillar, estiraré mis pestañas y mis labios serán un símil del fuego. Me siento bien, confiada y guapa, con ganas de salir, con ganas de comerme el mundo. Estoy harta de ojeras, de exámenes y de ropa elegida con los ojos cerrados.

Salgo de casa después de un beso de mis padres y una mirada intranquila de mi madre. Sé que hasta que no esté de vuelta no estará calmada.

Me miro en el espejo del ascensor, me repaso el rojo de los labios y me hago una foto.

Llego tarde, la altura de mis zapatos es un gran impedimento para llegar a la hora acordada con mis amigas. El camino se me hace largo, las miradas hacen que tire de mi falda hacia abajo. Oigo silbidos y algún piropo desafortunado. Acelero el paso. De repente me siento insegura, dudo de si la ropa que llevo es apropiada para mí. Ya no es solo inseguridad, también es miedo y ganas de regresar a casa.

Por fin estoy con mis amigas. Les cuento lo ocurrido y ellas también han sufrido piropos indecentes, piropos que no ensalzan nuestra belleza, sino que la destruyen, nos debilitan y nos hacen sentir sucias.


Quién tiene derecho a juzgar un escote sin la intención de una mirada obscena, quién tiene derecho a juzgar unas piernas sin la intención de un piropo sucio, quién tiene el derecho de juzgar un maquillaje sin la intención de ser otras. Quién tiene el derecho de juzgarnos, me pregunto día a día.


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