Cervantes, 400 años después del éxito y el fracaso

16:19:00

Germán, Marta, Lucía

Los cuatrocientos años de la muerte de Miguel de Cervantes vienen marcados por una serie de actividades y eventos que se han realizado a lo largo y ancho de la geografía española.



Cervantes, que vivió seis años en Valladolid, ahora capital castellana y durante un breve periodo de tiempo de un imperio español donde no se ponía el sol, fijó su residencia en la calle Miguel Íscar, donde fluía el río Esgueva y hoy se conforma como una arteria de lujosos bloques burgueses plagados de bancos y cajas de ahorro en sus bajos. Además, donde el célebre escritor y dramaturgo estuvo, se ha convertido en una de las casas-museo referencia de la ciudad.



La Casa-Museo Cervantes alberga la residencia del ilustre gracias a una recreación en los diferentes espacios de la vivienda del mobiliario de época que ayudó a Cervantes a escribir numerosas de sus obras y al transcurso de su rutina. Cabe recordar que es en su estancia en Valladolid cuando se publicó la primera edición de un Quijote que ni en sus más preciados sueños pensaba que se convertiría en la obra universal del castellano.


El museo ha organizado una exposición en la parte baja del mismo dentro de los actos de conmemoración donde, a través de las ilustraciones de Miguelanxo Prado y David Rubín en forma de cómic de la obra El Retablo de las Maravillas, podemos conocer la época en la que vivió Cervantes.



El comic supone una conexión con la vida del dramaturgo en diferentes aspectos de su existencia: dinero, religión, escritura, educación, sociedad, amor, familia y su alter ego. En diferentes paneles dibujados, se puede observar la anterior enumeración de aspectos reflejada en la vida de Miguel de Cervantes.



Alimentaba su alter ego un hombre que fue espía de Felipe II y que tuvo que huir a Roma para evitar que le cortasen la mano derecha –ironías del destino acabaría sin su mano izquierda en la Batalla de Lepanto- y donde aprovechó para realizar una limpieza de sangre.



El dinero, o más bien la escasez de este, siempre ha estado presente en su vida. Los vaivenes económicos que sufría se debían equilibrar gracias al trabajo en diferentes oficios, entre los que se encontraba el de recaudador.



Marcaba la vida de Cervantes la religión, en una época convulsa por la expulsión de los Moriscos de España. Pero, lo que ahora es inexpugnable, en su tiempo no resultaba ni siquiera familiar: la educación. Miguel, el cuarto de siete hijos de una familia errante y desestructurada, marcada por pleitos, amoríos, embargos y préstamos, no sufrió el alto índice que analfabetismo de su tiempo, sobre todo entre las mujeres. El padre de Miguel de Cervantes, que padecía una profunda sordera desde niño, se encargó de que sus hijos supieran leer y escribir, algo muy poco común.



Y es una familia la que pronto comenzaría a construir Cervantes, a su manera, ya que fue hombre de dos mujeres casi a la vez. Un mes antes de casarse con la joven Catalina, era padre de Isabel, la hija que tuvo con una tabernera casada. Un matrimonio que estaba marcado por la diferencia de edad entre ambos: Catalina había cumplido veinte y Cervantes ya tenía treinta y siete.



Pero de lo que más se le reconoce es por su faceta de escritor, muy a su pesar, pues siempre dijo que si hubiera tenido que elegir una profesión habría sido la de autor de obras de teatro.



En aquella época, la rivalidad entre autores formaba parte de la orden del día. Lope de Vega y Cervantes no tuvieron una gran amistad. Si bien se deshacían en elogios nada más conocerse, decidieron sumergirse por los caminos de la amargura y la enemistad. Lope triunfaba en el teatro, mas las obras de Cervantes no encontraban sitio en los corrales de comedias. Tal vez fuese aquella competencia la que le hizo centrarse en su faceta de escritor.



Miguel vivió del éxito y del fracaso al mismo tiempo. Mientras que El Quijote se convertía en un libro muy leído, nadie le encargaba comedias tras salir de Valladolid hacia la actual capital del reino. Sin lugar a dudas, Lope de Vega le ganó la batalla como dramaturgo, pero el nombre de Cervantes se marcaría más en oro si cabe que el de su enemistado.

Y es que El Retablo de las Maravillas narra con destreza el reflejo de la época en la que vivió Miguel de Cervantes, una obra que sirve de espejo para poder describir numerosos aspectos de su vida. Aunque puede que sea esto lo más irónico, ya que este entremés, del que tomamos referencia para analizar a un autor universal, fue uno de sus más sonados fracasos.



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