De Errejón a Love of Lesbian: radiografía de una adolescencia

15:52:00


Germán Prieto

Nos dirigimos con nuestras mejores intenciones a una céntrica plaza de Valladolid para intentar realizar una pequeña encuesta a pie de calle, simplemente para confirmar si el mundo de las nuevas generaciones estaba tan perdido como pensábamos.

El lugar escogido, la Plaza de Zorrilla de la capital castellana, es conocida por numerosos motivos. Además de albergar edificios históricos como la Casa Mantilla o la joya de la corona vallisoletana, la Academia de Caballería, también es punto de encuentro de jóvenes adolescentes testosterónicos vestidos de pijos-canis. Una mezcla explosiva de grupos de chicos y chicas modelo único que se reúnen para aparearse con la mirada, fumar en la calle después de haber estado en casa viendo Disney Channel y escuchar alaridos reggaetoneros.

Al llegar al lugar nos sorprendemos por la cantidad de individuos que había, muchos más de los que nos esperábamos, pues ya era casi las ocho y media de la tarde y suponíamos que estarían en sus respectivas moradas con el pijama puesto y el vaso de Cola Cao con galletas preparado.

Después de estar merodeando por el lugar un buen rato y de comenzar a notar una bajada neuronal importante, decidimos acercarnos a un primer grupo de adolescentes para comenzar el interrogatorio.

Para dejar constancia al lector, las entrevistas consistían de cuatro preguntas divididas en dos grupos. Las primeras dos cuestiones formaban parte de lo que denominamos “cultura general”. La segunda, y no menos importante, correspondía a “música”. Las respuestas, desoladoras.

¿Conocéis a Mario Casas? ¿Qué nos podéis decir de él?


Era mencionar al conocido actor y se les iluminaba la cara, saltaban de alegría entre vítores y gritos de admiración y respondían al unísono un contundente “sí”. No nos esperábamos otra reacción. Lo que nos podían decir de él se puede resumir en dos palabras: está bueno. Incluso nos podríamos aventurar a resumirlo en tres: está muy bueno.

Entre las películas que han visto del coruñés, variedad: “Tengo Ganas de Ti” y “Tres Metros Sobre el Cielo”, “Three Steps Above Heaven” para el numeroso público anglosajón que lee esta revista.

La segunda pregunta nos dio mucho más juego.

¿Conocéis a Íñigo Errejón? ¿Qué nos podéis decir de él?


Para poneros en situación, Íñigo Errejón es un cantante, presentador de televisión, además de ser un político del Partido Popular. O por lo menos la adolescencia de aquella plaza lo piensa. Mención especial requiere aquella chica que dijo que conducía el extinto programa de Atresmedia, Atrapa un Millón. Sobera, desde aquí te mandamos un abrazo.

Muchos de los encuestados situaban a Errejón dentro de la política, pero no tenían claro a qué partido pertenecía el número tres de la formación morada. Optaron en una amplia mayoría por encasillarle en las filas de los Populares. Cuanto menos curioso. Pero hubo una persona que acertó a grito de “¡Del de la coleta!”. Efectivamente, joven, forma parte del partido del de la coleta.

Adolescentes que pensáis que Íñigo Errejón es cantante, compartimos el mismo sueño de ver una cinta “Greatest Hits de Íñigo Errejón” en todas las gasolineras, al lado de la de Bertín Osborne. De progresistas va la cosa.

En la segunda ronda de preguntas, encasilladas dentro del conocimiento musical de la juventud, no preguntábamos por Íñigo.

¿Conocéis a Don Omar? ¿Nos podríais decir alguna canción de él?


Pero cómo no van a conocer a Don Omar, señores de Micropolis Magazine. La respuesta, comparable a la enérgica que resultó con Mario Casas, era rotunda. Don Omar es un mito dentro de aquel mundo que nos brindaba Plaza Zorrilla. El Prince de la adolescencia, el David Bowie de los granos. Incluso una chica se arrancó a cantar el estribillo de una de sus canciones más famosas antes de darse cuenta de que no habíamos preguntado por Bruno Mars.

Confusiones a un lado, Danza Kuduro era la respuesta generalizada a la segunda cuestión que planteábamos.

Las bolas del desierto aparecieron en el momento en el que hicimos la segunda, y última, pregunta de la tarde.

¿Conocéis a Love of Lesbian? ¿Nos podríais decir alguna canción de ellos?


Caras de incredulidad y de negación al oír el nombre de la banda catalana, que ha estrenado su octavo álbum de estudio en marzo. Sabíamos desde el primer momento que aquella gente no iba a ser fans de John Boy, pero manteníamos la esperanza de encontrar a alguien entre los cientos de adolescentes del lugar que supiera que estábamos hablando de un grupo de música y no del historial de navegación de muchos de los allí presentes.

Un pequeño rayo de luz iluminó nuestras desoladoras caras cuando una menor señaló que sí que conocía al grupo, pero que no era capaz de acordarse del título de alguna canción. Ni siquiera cuando comenzamos a enumerar una larga lista de temas de la formación. Te lo damos por válido, querida.

Lo de localizar a los de Santi Balmes en Barcelona era tarea imposible, pues por el nombre todos suponían que serían de Estados Unidos o de Inglaterra. Como si las Sweet California residieran en Los Ángeles, de Charlie.

Es cierto que los catalanes no son la muestra de lo más conocido del panorama musical español por nuestros jóvenes, pero en contraposición cabría señalar que es una de las bandas más exitosas y de más ventas del territorio. La adolescencia en su gran mayoría sigue las corrientes que marcan las fórmulas comerciales, por lo que no podemos señalarles como culpables del desconocimiento de grupos que no están expuestos tan asiduamente en radios, televisiones y publicaciones generalistas.

El desconocimiento de Íñigo Errejón, una de las figuras más públicamente expuestas de la política nacional, es una lacra para la sociedad actual, pues supone una falta de información y conocimiento de la situación del país mediante nuestros representantes, en una coyuntura extraordinaria y de foco intenso en todo tipo de medios de comunicación.

Se ha vuelto a abrir el debate de bajar el voto a los dieciséis años, aquí podéis encontrar una respuesta en boca de adolescentes de entre los catorce y los dieciséis que se han prestado a participar.

No decimos que este sea el nivel de una mayor parte de la población menor de edad, pero sí fue el que nos encontramos aquella tarde. A partir de este momento, saquen sus propias conclusiones.

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