La «Blanca» se esconde entre rejas

19:38:00


Paula Blanco
Eugenio Fernández da Silva tenía una larga trayectoria de consumo de drogas y había sido trasladado a Asturias para ser juzgado. Sin embargo, una sobredosis de heroína y pastillas acabó con su vida el pasado jueves 21 de abril a los 33 años. Este es el último caso, pero la lista de muertes como ésta asciende en la cárcel asturiana a cuatro en el último año y medio.

En los últimos dos años se han registrado seis fallecimientos, entre ellos cuatro por sobredosis, dos ingresos en el Hospital Universitario en Oviedo por la misma razón y un incautamiento de 30 bellotas de hachís que transportaba en el intestino un preso que regresaba de un permiso. Las dos primeras muertes, dos canarios que “festejaban” la paternidad de uno de ellos con heroína, hachís y metadona, provocaron la dimisión del anterior director del centro penitenciario, Esteban Suárez García. Además, la mayor parte de los sucesos se han perpetrado con droga salida de la enfermería de la prisión. 


La droga, en sus múltiples formas, es una lacra inherente a la prisión casi imposible de erradicar, ya que se introduce mediante familiares en las comunicaciones íntimas, por vis a vis o mediante los propios internos que regresan de permiso. Con mucha imaginación logran introducir la droga en la cárcel, valiéndose de trucos como empetarla, tragarla, coserla en los dobladillos de los pantalones, colocarla debajo de las solapas de las latas o en los botes de Cocacola.


Fuentes internas de la cárcel aseguran que ha habido dos o tres casos de funcionarios implicados en tráfico de drogas, uno condenado a ocho años de prisión y el resto finalizó los procesos con sobreseimiento judicial. Además, es frecuente en cacheos a internos y celdas encontrar drogas ilegales. Otro problema  son los medicamentos legales bajo prescripción médica como la metadona para los internos con dependencia y síndromes de abstinencia, su suministro es muy generalizado y se controla su ingesta, pero es común el fraude y la reventa a otros internos.

Joaquín, delegado de la ACAIP (Agrupación de los Cuerpos de la Administración de Instituciones Penitenciarias) en Villabona admite que “la droga siempre ha estado” y que los últimos incidentes se deben principalmente a la mala organización en cuanto a los medicamentos. Los presos reciben los fármacos para el fin de semana el viernes y no obtienen la siguiente dosis hasta el siguiente día laborable. “Se pone por delante el tratamiento a la seguridad”, sostiene Joaquín. El Centro cuenta con una falta de personal, de oficinistas y de trabajadores en el interior de la cárcel, y existe un exceso en la media de edad que supera los 55 años, un número que afecta tanto a funcionarios como a internos. Sin embargo, el sindicato afirma que “no es cierto que las condiciones de Villabona hayan empeorado”, aunque sí denuncia el sistema precario de organización para clasificar a los presos.

“Que no haya droga es una necedad”, responde Joaquín a si se van a llevar a cabo medidas para acabar con ella en Villabona, además de la complejidad que tienen para incautarla. La legislación no permite inspeccionar a los familiares íntimamente ni cachearlos, únicamente someterlos a un control de objetos metálicos (arcos de metal). Para inspeccionar un preso se necesita una sospecha muy clara porque solo les permiten realizar una placa con autorización del juez. “Son leyes muy garantistas que impiden un control exhaustivo de entrada de drogas ilegales”, mantiene un funcionario de Villabona. Estas leyes garantistas con los derechos de las personas restringen la posibilidad de un mayor control sobre internos y personas, “es una cuestión política y de legislación”.

Una posible solución a los estupefacientes es la educación y culturización de los presos a base de talleres para que no consuman, pero hay que tener en cuenta la voluntad del interesado y el estilo de vida de algunas personas, que no van a cambiar si existe gente a la que vender la droga.

Mientras tanto, el programa de reinserción de presos que sirve como modelo internacional, la UTE o Unidad Terapéutica y Educativa, se ha reestructurado y no desmantelado como sostiene la prensa y los partidos políticos. La UTE selecciona a los internos que por voluntad propia desean acogerse a ese tipo de módulos y tienen normas más rigurosas que el resto de módulos, donde se procura que estén “libres de drogas”. A pesar de los buenos resultados que han cosechado, en la actualidad está pasando por uno de sus momentos más precarios y la cárcel se ha dividido en dos bandos, los que están a favor y los que se oponen a sus novedosas medidas.

El Centro Penitenciario de Villabona es un caos movido por las drogas. Gaspar Llamazares de IU alertó que “el mercado de la droga está descontrolado”. La Asociación de Familias y Amigos de la UTE tiene vetada la entrada a la cárcel y acusa el deterioro de la prisión, donde se están multiplicando los incidentes relacionados con drogas. Y el último muerto fue encontrado en la enfermería del propio centro hace menos de un mes. Los problemas no dejan de sucederse y entretanto, la “Blanca” sigue recorriendo las celdas de los presos. 

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