Colón tiene envidia del nuevo mundo que se ha descubierto

18:47:00


Verónica Alaguero
Hace dos semanas Valladolid tuvo la oportunidad de acoger una vez más, como años anteriores, a artistas nacionales e internacionales para regalarnos teatro al aire libre. Durante nueve días la ciudad ha estado llena de espectáculos distribuidos en distintos puntos céntricos para el disfrute de gente de todas las edades.

Desde Micropolis Magazine queremos contaros la experiencia que tuvo la Asociación de Síndrome de Down de Valladolid, que hace numerosas actividades cada fin de semana para que los niños y no tan niños puedan pasarlo bien y escapar de los límites que injustamente se les pone por su enfermedad. Este sábado les tocó unirse a los centenares de personas que gozaron de este entorno artístico y cultural y creednos si os decimos que para ellos la experiencia ha sido más enriquecedora que cualquiera de los programas que llevan a cabo para su integración en la sociedad.

La asociación tiene como objetivo la inclusión, no la integración, por lo que el medio para alcanzar esta meta es hacer que aprendan a vivir y no a actuar como se les lleva enseñando a lo largo de toda su vida.


Las condiciones meteorológicas no eran muy favorables pero a pesar de ello la lluvia les dio una tregua y pudieron disfrutar de tres espectáculos. El primero de manos de un actor de origen holandés que les deleitó con mil y una sonrisas a lo largo de la actuación con una historia sencilla pero extremadamente divertida. Algo tan simple como la idea de un hombre por cortejar a una mujer invitándola a un picnic en el campo.

Al principio apareció un coche enano, cabe decir que un tanto escochambroso pero con millones de sorpresas en tu interior. Los altavoces sonaban a todo volumen con Don’t Stop Me Now del grupo británico Queen, que por una bonita casualidad, es el himno de vida de los chicos de la asociación. ¡Se la sabían entera y no paraban de cantarla y dar palmadas!

Al comienzo iban con la mentalidad de que la actividad iba aburrirles porque tenían una idea equivocada de lo que es el teatro, pero en seguida fijaron sus miradas en el hombre tan simpático que tenían delante y no pararon de reír con su torpeza, viendo como todo le salía mal. El coche ardía, la comida estaba caducada, el café se convirtió en cerveza, el mechero con el que cocinaba daba petardazos, su boca acabó quemada intentando meterse un trozo de tortilla ardiendo y tuvo que airearse la boca con un tubo de aire frío que levantaba sus bigotes… Repitió esta última acción unas veinte veces, cada cual más divertida.

Cuando el espectáculo acabó y nos dirigimos a otra plaza, no paraban de imitar sus fechorías y de estallar a carcajadas recordándolo. Qué felices se les veía…

La siguiente actuación tenía como protagonista a una chica apasionada por la literatura clásica que se veía diferente a los demás y eso le quitaba el sueño.

En el escenario había un montón de libros esparcidos por el suelo en pilas y un mueble con varios cajones por el que salían manos y pies. De repente, una puerta se abrió y salió de ella una chica haciendo contorsionismo que empezó a saltar de pila en pila de libros haciendo acrobacias propias de la gimnasia rítmica para poder llegar a leer todos los libros que tenía alrededor. A continuación, se quedó dormida pero la literatura perturbaba sus sueños y no le dejaba encontrar la postura adecuada.

Buscaba libros hasta descansando, dando volteretas por todo el espacio mientras una poesía que contaba sus rarezas sonaba en el espacio. Se les quedó la boca abierta, todos querían llegar a hacer las cosas que hacía ella, se preguntaban si sería imposible. Pero nada lo es y una de las niñas ya está diciendo a sus padres que quiere apuntarse a gimnasia rítmica. ¡Va a cumplir un sueño que siempre se le había mostrado utópico!

En el tercer espectáculo tuvieron muy mala suerte porque el cielo dejo de brillar y las nubes se tornaron sobre ellos descargando su lluvia. Vieron diez minutos de actuación, pero los suficientes para saber que lo que hacían aquel hombre y aquella mujer dando vueltas dentro de aros gigantes era increíble.


De repente a todos les encanta el teatro, quieren ser actores y actrices porque se lo pasaron muy bien. Descubrieron un mundo nuevo que antes no se les había planteado y empezaron a soñarse en escenarios frente a centenares de personas.

Ahora viene una cuestión: ¿quiénes somos nosotros, la sociedad, para decirles que es imposible? ¿Quiénes somos nosotros para cortarles las alas si no paran de trabajar día a día confeccionando plumas llenas de ilusión para hacerlas más grandes?

Ese día se cumplió una meta. Esas personas pudieron VIVIR en mayúsculas y realizar el papel que ellos quieren para ellos mismos, sin actuar como los demás quieren.

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