Un país sin memoria

14:10:00


Germán Prieto

España realizó el 26 de junio un acto de sadomasoquismo. Y me pregunto si puede ser cierto que casi ocho millones de votantes tengan amnesia o se hayan refugiado todo este tiempo en una cueva sin ningún tipo de contacto con la realidad de un país con el agua al cuello y con ganas de seguir llenando el recipiente.

Acudimos a las urnas con una venda puesta en los ojos y con los oídos tapados, dispuestos a reírnos de los más de dos millones de españoles que han tenido que emigrar de su país, con la indecencia de avalar las privatizaciones en sanidad y educación, la ausencia de becas, una reforma educativa que pone cada vez más complicado el cursar estudios universitarios, donde la religión católica es trascendental pero la filosofía una mera pérdida de tiempo.

También votamos a favor de la subida del IVA cultural, de la reforma laboral, de la Ley Mordaza y de que prioricen entidades bancarias a personas. Apoyamos al partido de los desahucios, al de los imputados, al de los sobres, al de la caja B, al partido de los pelotazos urbanísticos, al de los aeropuertos sin aviones, a los que no dan la cara si no es a través de una pantalla de plasma, al partido de la financiación ilegal probada. Sí, probada. Y un larguísimo etcétera que sería imposible enumerar en un simple artículo.

Es inexplicable cómo una formación envuelta en corrupción pueda aumentar el número de votos en más de quinientos mil. Es impensable que en un país serio hayamos premiado la corrupción, pero igual tenemos que empezar a mirar a España como un chiste malo, como una pandereta que ya ni siquiera suena.

Son más de quinientos imputados los que sostiene la vitrina de éxitos de los populares, quinientos imputados en más de cien casos de corrupción. Y es que es un mal endémico robar en este país: más de siete mil millones de euros han sido saqueados desde la Transición. Viendo los resultados de las elecciones parece más que probable que la cifra siga aumentando, pues nos empeñamos en olvidar que nuestros representantes día tras día se ríen de nosotros y además, lo más grave, les reímos las gracias y les damos vía libre para seguir robando cuatro años más. Nos convertimos en cómplices.

El 26-J ganó con holgada diferencia el único partido europeo imputado como institución, donde absolutamente todos sus concejales en Valencia han sido imputados y donde se acercan a los doscientos implicados por corrupción solo en esa comunidad, donde mejoró también sus resultados.

Ayer amplió su representación gracias a que perdimos la memoria hace tiempo, a que nos importa más bien poco lo que pase en nuestro país y nos centramos en los problemas que tienen otros. Una España de costumbres, de inmovilismo y de caciquismo. Una sociedad que da vergüenza ajena condenada a revivir una y otra vez sus errores.

Solo cabe recordar que el Partido Popular celebró una victoria ante cientos de personas eufóricas en una sede pagada en B, donde la policía se pasó más de catorce horas registrando en busca de pruebas y discos duros previamente destruidos. La viva imagen de un país.

A España llegará el cambio político cuando cambiemos los españoles. Mientras tanto, volveremos a vivir noches bochornosas como la del 26 de junio.

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