64 Festival de Cine de San Sebastián: de gigantes, problemas y obras de arte va la cosa

13:39:00


Alberto Monje

Hay veces en la vida de los que nos gusta el cine de autor, que nos sentimos solos. Vemos cómo todo nuestro entorno sólo va al cine a tragarse los mayores blockbusters, americanadas y demás basura que nos podamos imaginar. Hay veces que piensas que tú eres el único terrestre al que le gusta que el cine presente propuestas arriesgadas, que, por ejemplo, carezcan de diálogo, se rueden en blanco y negro o, por el contrario, basen toda su película en el diálogo, suprimiendo la acción. Realmente piensas que ese único tipo de cine que merece la pena. En el que la palabra arte adquiere su máximo significado.

Sin embargo, la vida a veces te da sorpresas. Empiezas a formar parte del Jurado de la Juventud del Festival de Cine de San Sebastián y te encuentras a 300 (!) jóvenes que piensan lo mismo que tú. Jóvenes que disfrutan con la poesía en el cine, con las películas de ritmo más lento, es decir, con las películas que tienen algo que decir al mundo.

Aunque no todo es perfecto en el cine de autor. El reto de ver hasta siete películas al día durante nueve días supone un ritmo de vida difícil de llevar. La demacración física fue apareciendo poco a poco. En el momento en el que una película mostraba un ritmo algo lento y diálogos escasos, un somnífero impregnaba la sala que dejaba a los ilustrísimos miembros del Jurado Joven aturdidos. Si el ingenioso autor del film, además, no había querido meter banda sonora, dándole al conjunto un silencio atronador, los ronquidos podían escucharse en el resto de la sala. La magia del cine de autor. Y qué decir del descanso para comer. Cualquiera que pasease por la Playa de Zurriola vería una marabunta de jóvenes destrozados, tirados en el suelo, aprovechando media hora para dormir, como desesperados que apenas habían tocado su cama por la noche.  A lo largo de los nueve días pudimos ver películas sobre chicas con problemas, chicos con problemas, jóvenes con problemas, parejas con problemas, familias con problemas, coches con problemas, prostitutas con problemas, ancianos con problemas, niñas con problemas y mineros con problemas. Además, tuvimos que hacer frente a sadomasoquismo, felaciones y tríos sexuales a las nueve de la mañana. Ahora más de uno entenderá por qué apreciábamos tanto las comedias.

Pero no penséis, queridos lectores, que el Festival de San Sebastián son Los Juegos del Hambre. A lo largo de sus nueve días pudimos ver grandes propuestas de grandísimos directores que nos hicieron disfrutar, reír y llorar:

Colossal es la nueva película del director español Nacho Vigalondo. En ella, el cántabro cuenta con una superlativa Anne Hathaway, una joven canadiense dada a la bebida que un día descubre que puede controlar a un monstruo gigante que destruye Seúl. ¿Qué hace una película así en un festival de autor? El film es puro Vigalondo, llena de humor inteligente, destructor de géneros: no es una comedia romántica, pero tampoco una película de acción. Antes de entrar a verla, la ya citada demacración me pedía ir corriendo hacia mi querida cama. Sin embargo, al terminarla, nos dimos cuenta de la obra de arte que acabábamos de ver y tuvimos que salir a celebrarlo.

De propuestas tan bizarras (o más) está lleno el Zinemaldi: The Giant es una película sobre un enano deforme cuyo sueño es ser campeón de petanca (me dirás tú a mí), pero que sus compañeros le hacen bullying. Sin embargo, el enano se guarda un as en la manga: un gigante de 60 metros viene a salvarlo. En palabras del periodista Carlos Boyero: “Mataría a todos aquéllos que se meten con los enanos, pero a mí la película me la suda”, amén. Si de monstruos gigantes va la cosa, que le pregunten a Amat Escalante, el director mexicano (Premio al Mejor Realizador en Venecia) en La Región Salvaje cuenta la historia de una mujer que vive en un ambiente violento y homófobo, que recurre a la ayuda de una criatura gigantesca parecida a un calamar que abusa sexualmente a mujeres. La verdad es que a mí esta me encantó.

Pero no penséis que todo el cine que se proyecta en Donosti es raro de narices. Una de las películas que más gustó, sus diez minutos de ovación se llevó, fue Bar Bahar (In Between), una película palestina sobre la búsqueda de la libertad de tres mujeres en Israel. Las tres protagonistas llenaron de carisma y humanidad la pantalla, además de humor, que nunca viene mal. Premio del Jurado Joven, ahí queda todo dicho. Además, pudimos disfrutar de la última, retorcida y brutal película de Paul Verhoeven, Elle; la primera y desastrosa de Ewan McGregor, American Pastoral; y la subida a la cima del cine de autor por parte de Pablo Larraín y su pluscuamperfecta Neruda

Que se enciendan las luces tras la película, no saber si aplaudir o no porque estás confuso, temblando. Solo tener una idea en la cabeza: “Amo el cine”. Cuando sientes eso, por mucha mierda que hayas visto, la visita a San Sebastián ha merecido la pena.

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