Crisis en Six Scenes o el drama de la televisión

12:49:00


Víctor Soho

Hace ya más de un año. Mayo de 2015.

Hace más de un año que terminó Mad Men.

1999: Los Soprano se estrena en televisión. Tiene una repercusión de crítica casi inaudita.

Dieciséis años de buenas series es sin duda un buen tiempo. Cualquier árbitro deportivo se quedaría asombrado y la prensa sensacionalista del sector haría eco del récord.

Esto es 2016, fellows. Y para quien nos lea del pasado le aviso: “la televisión está muerta”.

La primera década de los dosmil fue su edad de oro, de The Wire a Breaking Bad, de True Detective a Hannibal y etc, etc. Pero, ¿qué tenemos ahora? Stranger Things no es más que nostalgia reciclada, Narcos son los residuos de una época que llama a renovarse y True Detective nos ha entregado una segunda temporada bastante decepcionante. No hay esperanza en los horizontes para la caja tonta. Las pocas series que se pueden observan desde la lejanía y que me dan un poco de esperanza son: Fargo, que no deja de coger los esquemas propios de la época dorada aportando nada; Girls, que parece que terminará esta temporada y se mueve en los estándares de dramedia convencional; y Twin Peaks que no sé cómo será, pero apunta o a “lo mismo de siempre” o a “lo mismo que hace siempre David Lynch”. No me malinterpretéis, mataría porque Mulholland Dr. fuera lo convencional respecto a calidad, pero noto que mi querido Lynch lleva una temporada gustándose mucho a sí mismo, ¿no? Yo creo que sí. Esto no significa que sean malas, esto significa que son lo mismo. Y eso no me hace ninguna gracia.

“El mejor cine se hace en televisión”, no sé quién se inventó la maldita frase; pero ha llegado al nivel de cuñadismo de obras maestras como “en el comunismo todo es de todos” o “ni feminismo, ni machismo: igualdad”. ¿Sabéis lo que digo yo? El cine es una visión del mismo lenguaje mucho más cuidada, con mucha más libertad al creador y mucho más concisa. Mia Hansen-Løve, Yorgos Lanthimos, Xavier Dolan, Richard Linklater… son artistas mucho más interesantes que la mayoría de las series de hoy en día. Hansen-Løve nos ofreció este año una película madura y sobria, reflexiva y sensible, que puedo asegurar no haber visto en casi ningún lugar de la televisión. Yorgos Lanthimos juega con las distopías de una forma mucho más elegante que, digamos, Black Mirror; con esa iluminación plana, esos colores fríos y esa dirección actoral casi robótica. Son “autores”. Y no como Snyder o Iñárritu, no por necesidad individualista, sino por reflexión del medio y gusto a la hora de tratar sus historias.

Llevaba meses harto, necesitaba una nouvelle vague de la televisión urgente. Unx chicx que pegase una patada fuerte en la mesa de Netflix y cortase con todo lo visto hasta ahora. Que abofeteara a todos los productores de HBO. Que se colgase de todas nuestras pantallas gritándonos sobre nuestra sociedad y nuestro tiempo.

No hemos tenido nada de eso, pero por lo menos Woody Allen nos ha dejado una gran clase de televisión, que abarca de una forma magistral desde lo que se debe hacer, hasta lo que (por favor) debemos evitar.

Escuchemos a los maestros

Debo aclarar, antes de empezar, que casi toda la obra de Woody Allen me parece valiosa en un sentido u otro, desde obras menospreciadas como “La última noche de Boris Grushenko” que es una divertida revisión del cine de Bergman y la literatura de Dostoievski, a “Si la cosa funciona” que es un resumen interesante de algunos de los temas típicas del director a lo largo de su carrera. En el caso de “Crisis in Six Scenes” pasa algo curioso, poco visto en el medio televisivo: su calidad choca mucho con su interés revolucionario. Me explico.

Woody Allen acoge aquí ideas muy curiosas, especialmente en la dirección. Cuando ves una serie, es fácil observar cómo se difumina la figura de director hasta casi desaparecer. Miento, eso sería una ventaja y es algo que hacen gente como Pialat o Rohmer. El problema es que aquí la eliminación resulta como artista, como voz y no para reflejar más veraz la realidad. Todo es demasiado académico y se intenta poco por cambiar. O peor, se intenta de la forma en la que lo hace American Horror Story y por favor, parad, porque Moulin Rouge no es algo que quiera volver a ver. Estética sobria y pocos movimientos de cámara, casi como una puesta en escena teatral, unos diálogos que apoyan sin duda este punto, poco menos brillantes que en sus grandes obras, pero tan inteligente como acostumbra.

Vamos, que todo lo que Woody Allen es está en la serie y, como siempre, añade a la fórmula elementos nuevos que son los que forman la identidad de la película. Aquí vemos un control de los movimientos de los personajes casi felliniano, en especial en el último capítulo, acogiendo ese sentimiento de bullicio y multitud de una forma magistral. Empieza a entender a las personas como grupos, que se mueven por la escena con la frialdad y la naturalidad de un hombre que lleva tiempo haciendo esto. También destacaría un plano donde Woody Allen ve pasar a una multitud a través de un frame-on-frame (es decir, un límite de la imagen dentro del propio fotograma), entonces vemos lo estático de lo que no está dentro del marco de la puerta, con Woody Allen observando, mientras un grupo de señoras pasan corriendo. Me pareció algo muy curioso y que queda realmente divertido. En toda obra de Woody Allen me quedo siempre con alguna broma y ni aquí me ha faltado eso. 

Lamentablemente, esta serie es de lo peor que ha firmado.

Analicemos al personaje de Miley Cyrus, porque para mí es el punto más negativo de la mini-serie. Primero, funciona como interés romántico e idealizado del personaje secundario, algo habitual en el cine de tendencias machistas de Woody Allen; pero que aquí se escapa de toda lógica y está enfocado de forma menos elegante que como es habitual en su cine. Después que sus diálogos funcionan, casi siempre, como monólogos clásicos del estereotipo revolucionario, antes que tener una lógica interna dentro del propio personaje en la situación, ya que hay momentos en los que estos “discursitos” se dan de forma casi aleatoria, como si hubiera un cúmulo de tópicos que tuviera que soltar por la boca y había que meterlos donde fuera.

También debo destacar el poco sentido del ritmo que tienen algunas escenas. Algunos chistes parecen alargados o que se repiten para rellenar un mínimo de horario que propuso la cadena. “Llenar 20 minutos es muy complicado” decían los Monty Python en uno de los capítulos de su famosa serie, lo es sin duda y para Woody le ha costado romper gran parte de su madurado sentido del ritmo. Lo entiendo: medio nuevo, fallos de principiante; pero es que estos baches son demoledores para una obra.

Pese a todo o con todo, considero la serie una obra menor, pero entretenida; nada tan horrible como apuntan la mayoría de los críticos. Si queréis ver cómo está Woody Allen este año, id a ver Café Society. Esto es algo bastante mediocre. La considero pasable y al mismo tiempo con cierto valor. Ahora volvamos a ver cómo están las series hoy en día, porque ahí está el valor de “Crisis in Six Scenes”.

Godard es como Batman, pero más pobre

Cuando veía esta obra, estaba viendo a un autor, que se golpeaba, caía y no estaba en buena forma; pero el alma, los intereses e influencias, todo, todo lo de Woody Allen estaba ahí. Es importante la figura del artista en general y es algo que no veo muy apoyado por esta parte del cine como es la televisión. ¿Quién hizo “Mad Men”? La AMC. ¿” Los Soprano” o “True Detective”? La HBO, por supuesto. Creo que deberíamos interesarnos más por esto, ya que nos puede ayudar a traer obras más personales e intimistas. Un autor habla de lo que siente, un tipo al que han contratado hace su trabajo.

Parte de esto, creo que es el problema de las producciones televisivas, a principios de los dos mil había que cambiar porque la gente se estaba olvidando de la televisión. Encontramos otra forma de hacer las cosas, nos arriesgamos. Y ahora usamos esa forma sin ton ni son, sin ver si de verdad es la manera adecuada para la historia. Woody Allen falla, pero es un autor, un genio que se equivoca siempre resultará más interesante que una obra que tira por lo seguro.

Por eso me gustaría acabar el artículo con la mejor serie de televisión de este año, una de los pocos artistas que tenemos y un innovador innato. “Horace & Pete” de Louis C.K., una historia de unos tipos que intentan llevar un bar. Louis C.K. ya trabajó bastante en su serie “Louie” con la destrucción del prototipo de sitcom clásica, pero en su nueva serie esto da mil vueltas. Los capítulos se alternan entre media hora y una hora u hora y media dependiendo de lo que necesite, rompiendo una regla básica de la televisión. Tiene un capítulo que es literalmente una persona abriendo su corazón durante cuarenta y cinco minutos, casi sin cortes. Repito, en una serie moderna, hay un capítulo de cuarenta y cinco minutos de una mujer casi hablando sin interrupción de otra persona. Ahonda en los personajes de una manera mucho más real que otras series de mayor reputación, “tienen que cerrar el bar, puesto que no da dinero” no es simplemente el argumento de la temporada, es algo que trastoca y conmueve a sus dueños, que les lleva de su seguridad a un sentimiento de terror frente a un futuro que aparenta trágico. Si las sitcoms tienen una disposición teatral, vamos a darles teatro de verdad; la actuación, los diálogos o el tempo son drama clásico. “Horace & Pete” tiene más de “Esperando a Godot” que, digamos, influencias de “Cheers”. Esto es lo que quería, lo que necesitaba. Este es el golpe del que hablaba. No es perfecta, pero me parece la serie más importante del momento. Louis C.K. está lejos de hacer lo que Godard hizo en el cine en los sesenta, pero ya es un paso adelante.

Y sí, me gusta BoJack Horseman, espero con ansia lo que vayan a hacer con True Detective y la nueva temporada de Black Mirror pinta bien. O Doctor Who, Doctor Who me apasiona, pero las siento anticuadas al mismo tiempo, no sé, a lo mejor recuerdo los viejos tiempos con una capa de nostalgia que me impide ver con claridad. Godard, Truffaut, Rohmer, Varda… Coppola, Woody, Scorsese… ojalá alguien hiciera con la televisión lo que vosotros hicisteis con el cine. Yo tengo esperanzas, supongo que ya llegaréis, hasta entonces me iré a los Multicines Norte a ver qué echan.

Oh, vaya, que Jonathan Nolan ha sacado una serie… por favor, llegad pronto, os necesitamos.

También te gustará

0 comentarios

LA HEMEROTECA