El arte de pintar es un arte de pensar

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Celia Gallego

El 21 de noviembre de 1898 Bélgica daba a luz al que sería pionero del arte conceptual; René François Ghislain Magritte, un hombre mucho más allá de su surrealismo con Esto no es una pipa o El hijo del hombre. Un estilo sencillo a los ojos, de colores planos y trazos limpios guarda entre el lienzo y la pintura las reflexiones y preocupaciones filosóficas del artista. Obra que a día de hoy todavía estudiosos no son capaces de comprender y sacar de sus entrañas el significado que Magritte le quiso dar.

Nacido en Lessines en 1898, un año a recordar para todos aquellos amantes de la literatura, fue el mayor de sus hermanos. Comenzó a tomar clases de dibujo a los doce años y desde entonces nació su curiosidad por el arte plástico. Cuando todavía era un niño su madre se suicidó ahogándose en el río, hecho que según muchos pudo dar pie a la creación de su cuadro Les Amants.

Las primeras obras de René están orientadas al Impresionismo cuando dio primeros cursos de pintura en Châtelet, posteriormente estudiaría en la Academia de Bellas Artes de Bruselas donde comienza su andadura como artista años después.

Durante su vida como artista coincide con Dalí, Miró, Éluard, Breton entre otros muchos surrealistas pero ese estilo le hacía sentir insatisfecho. Sus cuadros no eran revelaciones oníricas ni jeroglíficos cuyo sentido se debía descifrar, tampoco reflejaban sus obsesiones y preocupaciones personales como era el caso de Dalí. En ocasiones el artista trataba de mostrar con sencillez lo que quería decir el cuadro, como en Tiempo pasado (1939, Art Institute, Chicago) René nos muestra la magia de una locomotora suspendida en una chimenea. Así ocurre con Los amantes anteriormente mencionados ya, su mayor misterio es la incapacidad de conocer los rostros de ambos.

Su cuadro más reconocido Esto no es una pipa (1928) pone en duda la relación que existe entre las palabras y las imágenes, para mostrar lo maravilloso no se requiere de gran imaginación y grandes alardes.

Durante muchos años, Magritte parodió famosos cuadros de otros autores llevándolos a lo surrealista; entre ellos nos encontramos con Madame Récamier de David (1949, colección privada) La llave de los campos (1936), Los compañeros del miedo (1942) y El hijo del hombre (1964).

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