Halloween tiene gusto irlandés: crónica de una estancia en Dublín

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Alejandra Céspedes

La fiesta de Halloween en Irlanda es espectacular. La razón para ello es que se originó en el mismo país, hace 2.000 años, cuando era habitado por el pueblo celta. Entonces, en la víspera del año nuevo celta el 31 de octubre, se celebraba la fiesta pagana de Samhain, en la cual los espíritus de los muertos regresaban entre los vivos. Para ahuyentarlos, la gente se vestía con cabezas y pieles de animales sacrificados (¡el origen del disfraz!) y colocaba calabazas con faroles alrededor de su casa. Por otra parte, la fecha indicaba el final de la cosecha de verano (Samhain significa “el final de la cosecha” en gaélico) y el inicio del frío invierno, que se relacionaba con la muerte.

A mediados del siglo XIX, pequeñas comunidades de irlandeses católicos en EEUU empezaron a celebrar la fiesta, que se popularizó y comercializó en el siglo XX. Y así es como ha llegado a nosotros a día de hoy.

Sin embargo, los irlandeses aún conservan algunas viejas tradiciones. Yo, que he estado en Dublín para el puente de Todos los Santos, he podido observar algunas de ellas. La más extendida, sin duda, es la de disfrazarse. Ya desde el viernes 28 de octubre, pequeños y grandes andaban por el centro de la capital disfrazados con trajes de miedo. El mismo viernes, tres niñas vestidas de bruja me pararon en O’Connell Street para sugerirme el habitual “trick or treat?”. ¡Una pena que no llevara golosinas!

Por la noche, en bares y discotecas, raro era quien no fuese disfrazado o maquillado, aunque no tenía porque ser de algo que diese miedo. Había superhéroes, animales, seres fantásticos, personajes históricos, etc. - todos ellos animados y con una pinta de cerveza en mano, muy irlandés.

Otro aspecto muy cuidado de Halloween es la decoración. Las entradas de las casas, no solo contaban con calabazas de farol, sino también con pegatinas temáticas en los cristales, esqueletos de plástico suspensos y algodón colgando de las vallas a modo de tela de araña. Pasear por el suburbio de Grangegorman, donde me alojaba, era como hacerlo por una atracción de terror. Una noche, se me cruzó un hombre disfrazado de zombie en bicicleta y me asusté tanto que no paré de correr hasta llegar al apartamento.

A su vez, tiendas, bares, restaurantes y hoteles también se esfuerzan en adornar sus espacios. ¡Incluso el aeropuerto de Dublín tenía columnas de globos naranjas y negros! Los pequeños comercios venden productos muy originales y caracterizados para la celebración. Por ejemplo, un puestecillo de Howth Market donde ofrecían cupcakes decoradas con fantasmas, calabazas y telas de araña.

En definitiva, el Halloween irlandés actual es una fiesta para la diversión que, a pesar de su creciente visión consumista, sigue conectada a sus raíces celtas. Y ello lo demuestra el constante “Happy Halloween!” en boca de los locales el día 31. ¡Muy recomendable! 

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1 comentarios

  1. Molt interessant,mai hagués dit que el Halloween venia dels celtes...sempre havia pensat que era una moda americana.M' ha agradat

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