Reseñamos «Mamá, quiero ser feminista», de Carmen G. de la Cueva

16:15:00


Sara Jiménez

«Las jóvenes de hoy se sienten libres, independientes, dueñas de su vida y de su cuerpo. ¿Por qué, entonces, se habla más que nunca de feminismo y de la necesidad de las mujeres de reafirmar su empoderamiento frente al paternalismo de la sociedad?».

Carmen G. de la Cueva, creadora de La tribu –una comunidad virtual dedicada a la literatura escrita por mujeres- y fundadora de La Señora Dalloway –una editorial feminista-,  nos trae este maravilloso libro ilustrado por Malota (Mar Hernández) y publicado por Lumen.

En el libro, la autora se desnuda por completo, se abre a todo aquel que esté dispuesto a leer su historia y descubrir las aventuras de una niña curiosa, con ganas de aprender, y el camino que ha tenido que recorrer para llegar hasta donde está. De forma cercana, casi como si le hablara a una amiga, nos cuenta su primera regla, sus relaciones, su estancia en países extranjeros, sus días en el pequeño pueblo… De esta forma consigue llegar a nosotros, nos lleva a tomar conciencia de problemas como los insultos a una niña simplemente porque la ven gorda, el miedo de las jóvenes cuando salen por la noche y son acosadas o que la regla siga siendo un tema tabú en nuestra sociedad.

Como planteaba Virginia Woolf, aquí Carmen consigue crear un cuarto propio en el que vamos descubriendo los libros que fueron el apoyo a lo largo de su vida. De esta forma, más que una novela, nos encontramos ante una guía de lecturas para aprender, para formarnos en el feminismo, para descubrir las numerosas autoras que normalmente nadie se atreve a enseñarnos en las escuelas: Louisa May Alcott, Anne Sexton, Sylvia Plath, Emily Dickinson, Simone de Beauvoir, Adrienne Rich…

Este libro invita a reflexionar, a tomar conciencia de la sociedad machista en la que vivimos y nos ayuda a aprender, nos aporta material suficiente para educarnos. Pero esto no impide que la obra contenga humor y provoque ternura hacia esa niña que se vestía como Pippi Clazaslargas en un intento de rebelarse y que ahora es una mujer que promueve la literatura escrita por mujeres y nos la acerca, nos facilita conocer a verdaderas artistas que, de otra forma, no tendríamos el placer de disfrutar.


«Tengo un cajón en el mueble del cuarto de baño lleno de bragas que guardan todavía pequeños vestigios de menstruaciones pasadas. Ni la lejía ha servido para hacerlas desaparecer. Podría haberlas tirado, lo sé, pero a veces las miro para recordar la lucha de nuestras abuelas y las batallas que a nosotras nos quedan por librar en la tarea de visibilizar la sangre menstrual como símbolo del poder de nuestros cuerpos».

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